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Dios Habla al no Quiero del Hombre. Tomo II
Manuel Arenas Martos
Diputado de Córdoba

Quiero humildemente corresponder a una petición que me hacen unas amigas, de presentar uno de los libros de Ana García de Cuenca.

¿Qué puedo yo decir de Ana, "Anita la de la peseta"? Creo con franqueza que me considero muy pequeño ante esta mujer asombrosa, cuya vida ha sido y es, no sólo ejemplar para cualquier ciudadano, creyente o no, sino además fuente de luz para los ciegos en el espíritu, manantial de cristalina agua para los que tienen sed y foco de amor y consuelo para los que sufren.

Desde muy pequeño yo recuerdo que ya se hablaba de Anita como una mujer que tenía el privilegio de hablar con Dios, que su bondad y sabiduría no eran normales, porque sobrepasaban los límites de las personas comunes. No cabe duda que esta coincidencia de criterio entre tantas y tantas personas que la conocían, sólo podía entenderse admitiendo que en ella habitaba Dios, que estaba llena de Dios.

Su permanente presencia en el Diario Córdoba contribuyó en gran medida al conocimiento de Ana, porque mucha gente se preguntaba quién era aquella mujer con cara de santa que aparecía regularmente en el periódico de la ciudad. Pero pronto su incansable actividad con los humildes, con los necesitados, con los faltos de amor, fue lo que realmente ha popularizado su obra.

Como cordobés y como representante del pueblo de Córdoba creo que Ana García de Cuenca merece con todo derecho ser nombrada hija predilecta de la ciudad, lo que sin duda contribuirá a un reconocimiento de mayor alcance, como puede ser su opción al Premio Nobel de la Paz.

Estoy convencido que una persona con tan gran corazón, con tanta riqueza de espíritu, no necesitaría más títulos de los que posee en sí misma. Pero no cabe duda que el conocimiento de su obra sí recibiría un fuerte impulso. Ojalá y cuando estas pobres palabras mías vean la luz, Ana García de Cuenca haya sido nominada para esos títulos que con tanta justicia le corresponden.